Luces, cámara... ¡Pandemia!

Texto por

Mariana Arango

Valentina Velásquez

Camila Marín

Juana María Valencia

María Isabel Flórez

 

 

 

Sofía Jaramillo Appleby, actriz, fotógrafa y estudiante del pregrado de Literatura en la Universidad EAFIT, con tan solo veintidós años ha participado en numerosas producciones audiovisuales, teatrales y cinematográficas. Su proceso de formación comenzó en la reconocida academia Resplandor Films y continuó enriqueciendo sus técnicas en la academia creativa Acción Impro.

Gracias no solo a sus conocimientos actorales frente a las cámaras y de improvisación, sino también por su experiencia en la creación de producciones audiovisuales en medio de la pandemia, Sofía Jaramillo es la persona idónea para hablar sobre lo que ha significado esta situación coyuntural para la escena artística de Medellín.

La actriz, que ha transgredido los límites de la virtualidad para perseguir su pasión, habla de su trayectoria y experiencia en producciones audiovisuales.

Fotos cortesía Sofía Jaramillo

Cuéntenos sobre su trayectoria profesional en el campo de la oralidad y el teatro.

Comencé en el mundo de la actuación por curiosidad y allí me quedé. No sucedió igual con el teatro, ya que realicé solo un poco en mi colegio, Isolda Echavarría. Inicié estudiando en la academia productora Resplandor Films, enfocada en formar sus propios actores para sus producciones. Luego estudié improvisación en Acción Impro y profesionalmente estudio literatura y fotografía, que si bien no están intrínsecamente relacionadas con la actuación, creo que los actores se nutren de todos los nuevos aprendizajes. Participé en Más allá del tiempo, una serie histórica de Teleantioquia y allí curiosamente interpreté a Isolda Echavarría. Con Resplandor actué en Descendientes (aunque aún no ha visto la luz) y, actualmente, realizo una actualización en la obra de teatro Siempre viva, que será presentada vía streaming.

 ¿Cuáles son las diferencias entre el teatro y la actuación?

Si bien el teatro es la base de todo, hay cosas que se modifican a la hora de actuar para cine o televisión. En el cine no se graba cronológicamente, no responde a una realidad inmediata, mientras que el teatro es el aquí y el ahora. El presente en escena, que puede ser interpretado muchas veces. Va de un punto A hacia un punto B y este último, entendido como público, hace que todo cambie un montón; pues no es lo mismo actuar para una cámara que para una audiencia. Según Walter Benjamin, crítico literario y ensayista alemán, el cine es un arte sin aura, porque es la reproducción de la reproducción; en contraste, el teatro en su inmediatez presenta el mayor reto: abarcar con sentimiento, voz, gestos y aspectos fonéticos a un espacio gigante.

¿Cuáles son los aspectos más importantes que debe tener en cuenta un orador, actor, artista o, en general, quienes utilizan su voz como instrumento a la hora de enunciar un discurso?

A pesar de ser ámbitos muy distintos, a la larga se centran en lo mismo: transmitir un mensaje. Todo buen orador se caracteriza por tener buena retórica para persuadir a su audiencia y, aunque quizá los actores con libretos no tienen tanta libertad sobre qué decir, tiene que definir cómo decirlo, porque es allí que se evidencia su trabajo; además, en la vida cotidiana casi nunca decimos las cosas literales y estas formas diversas de decir es a lo que llamamos “subtextos”. Es tarea de cada una de esas personas cultivar su voz y prepararla antes de cada presentación, realizar ejercicios de entonación, respiración y conocer las propias capacidades vocales para modificarlas al imitar otro personaje.

¿Cómo debe prepararse una persona para hacer uso de su voz en una presentación?

Lo principal es hacer ejercicios de respiración, siempre desde el diafragma. Hago trinos de labios cuando no tengo mucho tiempo, es una buena manera de calentar la voz, calentar los resonadores con vocales, los músculos de la cara, calentar el cuerpo y relajarlo, creo que eso es muy importante, tener relajados los músculos que van a estar funcionando en el trabajo.

¿Qué factores son determinantes para un improvisador?

Una creencia que yo tenía antes de entrar a estudiar improvisación era que un improvisador solo se paraba e inventaba, que era algo muy libre, pero en realidad la improvisación es una técnica que se aprende. Aprendí a escuchar una propuesta, aceptar y dar una contra propuesta, ya que nos entrenamos con la agilidad mental. Cuando estuve en Acción Impro lo llamaban jugar y así era como nos entrenábamos, son juegos que ayudaban a la habilidad mental.

Creo que la actuación es muy general, pero la improvisación es estar aquí y ahora, estar atento a lo que está pasando en todas partes y no negarse. La improvisación es un entrenamiento, del cuerpo y el cerebro. Uno no prepara una improvisación, todo pasa en el momento, pero es como una cajita de herramientas que uno va llenando para usar a la hora de improvisar.

¿Qué dificultades se pueden presentar en una puesta en escena?

Todas. Para cada persona va a ser distinto, los nervios siempre pueden jugar una muy mala pasada, pero hay que aprender a utilizarlos a favor. En el teatro y frente a una cámara hay que sortear dificultades parecidas y otras muy distintas: tener una escena muy fuerte y no llegar la emoción necesaria, por ejemplo. Y que se te vaya el texto, siempre puede pasar.

En el cine, generalmente, una cámara graba varias veces la misma escena y el actor debe saber si está en el plano correcto o no. También se pueden presentar problemas técnicos que no tienen que ver con el actor, pero que afectan su trabajo y, en definitiva, hay que tener la capacidad para sobrellevar la dificultad en el momento en el que se tenga que hacer.

¿Qué opina de las puestas en escena que se han hecho virtualmente? ¿Ha participado en alguna?

He visto solo propuestas de Acción Impro que, como buenos improvisadores que son, supieron aprovechar lo que les permite una pantalla y que no les permite un teatro. Algo que no había pensado es que, a través de una pantalla se pierde el aplauso, que es tan importante para un actor o la risa, que es aún más importante para una persona que hace comedia, se vuelve un acto de fe. La virtualidad me ha permitido ver producciones de teatro de Londres, Broadway y El Circo del Sol; oportunidades a las que en otras circunstancias no podría obtener.

Y sí, estuve participando en una serie web, aunque no la hemos terminado. Fue extraño grabarla. Creo que no es lo mismo. El conectarse con tu compañero de escena es algo muy importante en la actuación y cuando uno no tiene a la persona al frente es muy difícil crear una conexión. Ahí se pierden un montón de cosas, pero también surgen otras, porque cuando a uno le cierran las posibilidades que tiene para crear, se puede volver más creativo. No sé si esto vaya a funcionar en el teatro. A mí, me asusta.

Cuéntenos sobre su experiencia haciendo parte de una producción teatral durante el confinamiento, ¿cómo ha sido ese aprendizaje?

Ha sido extraño por muchas cosas: la primera sería el tiempo que llevamos trabajando en la producción, pues generalmente en mi experiencia, todo ha sido muy rápido, hay poco tiempo para preparar el personaje, para grabar, en fin. Pero, en esta producción no, llevamos casi seis meses. Todo el proceso empezó desde la virtualidad; empezamos ensayos sin conocernos en persona, tuvimos incluso que ensayar escenas de combate a través de una pantalla… es muy extraño y complicado, a veces es agotador.

Comenzamos a hacer ensayos presenciales hace un poco más de un mes y todo cambia. La primera vez que nos vimos en un ensayo presencial nos dimos cuenta de que teníamos que volver a empezar casi de cero, pues nunca habíamos actuado juntos ni el director nos conocía en escena. Sin embargo, siento que ha sido muy enriquecedor y que he aprendido mucho.

Normalmente en teatro hay muchos elementos como el espacio, la iluminación y el vestuario, que componen la escena, ¿cómo han manejado estos elementos no solo en la virtualidad, sino también ahora en el teatro pensado para el formato audiovisual?

Muchos actores hemos tenido que aprender a preocuparnos por factores técnicos como la iluminación o la posición de la cámara. En cuanto a la obra, durante la virtualidad hicimos mucho trabajo con el guion, desglosándolo, entendiendo cada escena, dándole intención y emoción; pero no podíamos hacer muchas cosas, como las marcaciones que nos dicen cómo nos tendríamos que mover en el escenario o cómo interactuar con los demás actores en la escena.

Cuando empezamos a trabajar en el escenario, por ejemplo, pudimos descubrir más acciones e intenciones del personaje, que cuando cada uno estaba en su casa, no eran posibles. Aún no trabajamos con las luces, pero seguramente eso también nos permitirá descubrir cosas nuevas. El teatro es una amalgama en la que cada elemento suma y un buen director siempre logrará enriquecer su historia con cada cosa que ponga en ella.

¿Cómo estudia un actor la prosódica de su personaje?, ¿cómo enriquecer el léxico?

Considero que enriquecer el léxico va en el estudio. Hay personas que tienen una habilidad inmensa para imitar y otras que no: todo va en la disciplina. A mí me sirve meterme por completo en el personaje, y no solo en el aspecto de la voz, sino también en lo que hace, el ritmo con el que se mueve y habla. Impregnar mi vida diaria de las cosas que necesita el personaje, buscar referentes y escucharlos para lograr imitar y analizar qué están haciendo con la voz.

Con los acentos y los idiomas pasa algo muy particular y es que hay que tomarlos desde el contexto en el que se desarrollan, estos tienen una historia detrás, hacen parte de un código cultural y de la idiosincrasia de un lugar; estudiar esto ayuda a entender la prosódica y aplicarla en el momento. En conclusión, hay que ser una esponja y absorber todo aquello que se escucha para empezar a interiorizarlo.

Sabemos que los improvisadores toman los estereotipos como herramientas para dirigirse al público, pues es lo que todos conocemos; no obstante, estos pueden caer en una situación incómoda, herir susceptibilidades y utilizar elementos discriminatorios, ¿cómo cree usted que puede un improvisador cuidarse de esta situación? 

En cuestiones del arte en general es complejo eso de no ofender, pues se debe entender de entrada que es una ficción y que lo que hace el actor y el escritor muchas veces no es un reflejo de lo que son o lo que piensan, sino que responde a lo que el personaje necesita.

Los estereotipos son muy útiles en la comedia, el cliché ha sido muy satanizado, sin embargo, yo no lo veo tan mal, de hecho, puede salir muy bien; pero, también vale aclarar que las contradicciones son muy llamativas en un personaje.

No herir susceptibilidades es demasiado complejo, diría yo que imposible, considero que hay que partir del hecho de que, por ejemplo, la comedia se basa primordialmente en reírse de las tragedias humanas. Por otro lado, un actor debe perder el miedo a hacer el ridículo, abrazar esa vulnerabilidad y aceptarla, de lo contrario se estaría cohibiendo de muchas cosas.

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