El buscatalentos de la música urbana
Isabella Picón Villa

“En 2015, Nicky Jam ganó en la categoría mejor canción urbana con El perdón. Después de la ceremonia llegamos al hotel y corrimos como niños con el galardón por todo el lobby del LGM Grand en Las Vegas. Fue emocionante, se sentía como si yo mismo me hubiera ganado un Latin Grammy”.

Álvaro Picón recuerda aquella noche con alegría, pues sintió que había llegado a la cima de su carrera como productor musical, pese a que ya había lanzado a grandes estrellas como Kaleth Morales y Peter Manjarrés.

Hoy, en sus últimos años de trabajo antes de jubilarse, mira en retrospectiva la historia de cómo sobresalió siendo hijo de una familia de clase media de Ocaña (Norte de Santander), un pequeño pueblo lleno de historia y testimonios del conflicto armado que parece encerrado entre las montañas.

Con su tranquila, profunda voz característica, relata cómo desde muy joven se dedicó a soñar y a lograr que cada uno de esos sueños se convirtiera en realidad. Este es el relato que él mismo hace de su vida, de su trabajo en el mundo de la radio y en el negocio de la música.

El viejo tocadiscos

Cuando era niño, en la casa teníamos un tocadiscos. Mi papá iba a una tienda del centro del pueblo y compraba discos de boleros: los tenía todos en un escaparate organizados en la sala.

Cuando llegaba de la escuela y él estaba en la casa, yo tenía siempre la tarea de ir cambiando los discos, poniéndolos, sacándolos y organizarlos de vuelta en su lugar. Incluso a veces me tocaba limpiarles el polvo.

No me gustaba, me preguntaba por qué no ponía a mis hermanos a cambiarle la música. Lo que sí me gustaba era que me sentaba a su lado y pasaba horas explicándome, sin que yo le preguntara, qué hacía al bolero el mejor género musical.

Esas tardes con él son el primer recuerdo que tengo de la música. De tanto escuchar los boleros me los aprendía y los cantaba cuando mi papá se iba porque él trabajaba en Pailitas, un pueblo de tierra caliente a dos horas de Ocaña, en el departamento del César. Allá tenía una joyería, así que pasaba mucho tiempo lejos. Cuando empecé el bachillerato, unos años después, empecé a soñar con ser cantante.

Me presentaba a todos los concursos que había en Ocaña, los que hacían en las emisoras, los del colegio y de las ferias. Pero era muy mal cantante, me lo decían todos, era desafinado y mal imitador: trataba de imitar a Camilo Sesto, Julio Iglesias y todos esos cantantes que empezaban a surgir a mediados de los 70.

Se me fue yendo la idea porque hasta yo sabía que era mal cantante y unos años después, cuando se me desarrolló la voz y se convirtió en un tono muy grave, una voz muy gruesa, me empecé a interesar por la radio: tenía voz de locutor y quería serlo en radio y televisión.

Una vez se lo conté a mi papá. Me dijo que eso no daba plata y yo le respondí:

–Pero es lo que a mí me gusta. De pronto me va tan bien que puedo ser dueño de una estación de radio.

–Ah, ¡por ahí sí es! –me contestó él.

El locutor

Terminé mi bachillerato y en Ocaña la única universidad que había era una sede de la Francisco de Paula Santander que no tenía Comunicación Social. Le pedí a mi papá estudiar en la Universidad de Antioquia, en Medellín. Me preguntó qué tenía que hacer yo tan lejos, si Medellín estaba al otro lado del país. Además, mencionó que ya no había más plata. Él tenía otros 9 hijos que mantener.

Si quería estudiar, tenía que trabajar. Me fui para Cúcuta y allá me presenté a la misma universidad; sin embargo, no pasé a Comunicación, sino a mi segunda opción, que era Delineante de Arquitectura. Empecé la carrera, pero después me di cuenta de que no era lo mío.

Trabajaba como vendedor de seguros para vehículos, pero lo que quería era la radio. Entonces me fui a hacer pruebas en una pequeña emisora de la ciudad, Radio Transmisora Universal.

Un amigo me ayudó, Édgar Pantaleón, él era locutor profesional: compramos un espacio los sábados de 9 a. m. a 1 p. m. en el cual hacíamos un programa con las 20 canciones más exitosas de la semana. Ahorré gran parte de lo que ganaba y empecé a estudiar una tecnología en locución de radio y televisión en el Colegio Nacional de Comunicaciones, allá en Cúcuta.

Terminé en dos años, pero en ese tiempo para llegar a ser locutor había que presentar validación en el Ministerio de Comunicaciones que hacía pruebas de aptitud verbal y de conceptos. Me presenté y pasé, muchos amigos que ya tenían experiencia siendo locutores empíricos no pasaron.

Álvaro Picón ha estado en los grandes eventos de premiación de la música latina. Foto cortesía.
La llegada a una cadena grande

Ya con la validación me presenté a Caracol Radio en Cúcuta y fui contratado, pero cuando uno empieza siempre le toca lo peor: tenía un horario de 12 de la noche a 3 de la madrugada y de 12 del día a 3 de la tarde.

Yo pensaba que era buen trabajador y tenía habilidades, no había razón para tenerme en turno de bombillo. Muy atrevido y con ese mismo coraje, me ofrecí en una emisora reconocida de la ciudad llamada La voz de la gran Colombia. Después de algunas pruebas de aptitud me contrataron, pero yo quería llegar más lejos. Por lo que, en los años 80, con 24 años, me fui a Bucaramanga.

Enseguida conseguí trabajo en RCN, como director de una emisora llamada Radio El Sol. Aun así, en el fondo seguía queriendo más.

Una vez llegó a la emisora un director de promoción de la empresa Codiscos. Yo llevaba año y medio en Radio El Sol. Conversamos un rato y al final me propuso irme a trabajar con ellos como encargado de la promoción de Codiscos para los Santanderes.

En la radio era muy feliz entrevistando artistas, me gustaba mucho la farándula, pero un trabajo en una disquera podía acercarme mucho más a ese mundo. Además, en esa disquera iba a tener horario de oficina de lunes a viernes, visitaría las emisoras más importantes de la región y tendría contacto con muchos artistas.

Sumado a todo, me ofrecían el doble de lo que estaba ganando, o sea 20 mil pesos de la época (unos dos millones de pesos actuales). Era la oportunidad perfecta.

Inicio como cazatalentos

El 27 de febrero de 1984 empecé la carrera en Codiscos como promotor de la parte artística: mi trabajo era ir a medios de comunicación a tratar de impulsar las nuevas canciones de los artistas de la compañía.

Seis años más tarde me ascendieron a director regional. A finales de los 90 me ofrecieron la gerencia regional de la costa Caribe con sede en Barranquilla. Estuve allí dos años para después ofrecerme la dirección artística.

Llegué a Medellín en 1998 como director artístico y de estudios de grabación. En 2003 llegó una época regular en la industria a causa de la piratería. Se dejó de vender el disco físico y empezaba la venta digital sin control y sin plataformas reguladas.

Las compañías disqueras entraron en recesión y, al replantearse la compañía, me devolvieron a Barranquilla como gerente regional. También como buscatalentos en la Costa, la cual ha sido siempre mi labor favorita.

Durante esos meses descubrí a personajes como Kaleth Morales y Peter Manjarrés, entre otros. Viendo mi desempeño, la empresa decide devolverme a Medellín para un plan muy específico: hacer productos especiales, o sea, con el catálogo que ya existía de la empresa hacer series de recopilaciones de éxitos. Inventé varias para artistas específicos; por ejemplo, La Serie Premium del Grupo Niche.

Duré varios años así, hasta que en 2010 le dije a la compañía que no quería seguir haciendo ese tipo de proyectos o que me dejaran volver a contratar artistas nuevos. Los jefes aceptaron con la condición de no manejar los mismos géneros que tenía el vicepresidente artístico, Fernando López. Él manejaba vallenato, champeta, popular y salsa, así que, intentando salirme de eso, tuve la corazonada de introducirme en el género urbano. Ese fue el gran éxito de Codiscos.

Álvaro Picón ha descubierto a artístas de varios géneros, desde el vallenato hasta la música urbana. Foto cortesía.
El encuentro con Nicky Jam

En esa época todavía no era tan exitosa la música urbana, apenas estaba surgiendo. Empecé a buscar artistas locales: llegó Reykon, Golpe a Golpe y otros pequeños. Les grabé dos canciones a cada uno, pero nada pasó, entonces decidí buscar a un artista extranjero, puertorriqueño específicamente.

Di con J Álvarez y supe que él iba a ser diferente. Trabajamos juntos durante todo ese año y en 2011 se convirtió en un suceso. Hicimos Juntos hasta el amanecer, Sexo, Sudor y calor y muchas otras canciones que serían famosas en la época. Después llegó Alberto Steele y con él llegó Nicky Jam en 2012.

El manager de Alberto Steele, Juan Diego Medina, un día llegó a la oficina y me dijo que tenía otro artista que había sido famoso. Había estado con Daddy Yankee, pero había caído debido a sus excesos, y lo quería ayudar presentándomelo.

–Dile que venga a la oficina y yo le ayudo –le respondí.

Al día siguiente efectivamente fue Nicky a la oficina. Ni parecido a lo que es ahora, era gordito, modesto y muy humilde, aunque noble y buena gente ha sido siempre. Estaba nervioso y era algo tímido.

Tras hablar con Juan Diego y con él, decidí contratarlo y darle los mismos beneficios que tenía Alberto Steele: un contrato para el mundo con duración de tres años y con posibilidades de extensión por otros tres más.

A los pocos días me trajeron la primera canción, Curiosidad. A Nicky le gustaba lanzar todo de una vez, sacábamos una canción cada tres meses, él llegaba con las canciones y me pedía publicarlas inmediatamente, con mucha emoción y ansiedad.

El día que me llevó Voy a beber, le pedí que tuviera paciencia para poder hacer un buen lanzamiento con campaña de expectativa y todo lo que eso requería. Tres semanas después eran los premios TVyNovelas, un evento que se transmitiría por RCN en vivo.

Llamé a la directora de los premios. Cada año les llevaba un artista y ese año me estaban pidiendo a Luis Enrique, quien estaba pegado con la canción Yo no sé mañana. Yo le dije a la directora de TVyNovelas:

–Te traigo a Luis Enrique desde Miami, pero necesito que le des una oportunidad a Nicky Jam.

–Nicky Jam no está pegado –se excusó ella con desdén.

–Todavía no, pero viene con una canción buenísima y quiero lanzarla en los premios.

Después de unos días esperando su respuesta, la presioné: “Si no pones a Nicky Jam, no te llevó a Luis Enrique”. A regañadientes le tocó aceptar.

Esa noche se presentó en los premios y al día siguiente nadie hablaba de Luis Enrique, todos hablaban del nuevo reguetonero que había estado en los TVyNovelas.

El lanzamiento de Voy a beber nos dio pie a que unos meses después, en 2014, lanzáramos Travesuras. Esa canción fue número uno en México, España, Chile, en toda Latinoamérica y parte de Europa. Codiscos era una compañía colombiana independiente, por lo que tuve que buscar aliados en todos estos países para que me colaboraran con la promoción local.

Nicky Jam explotó en todo el mundo haciendo a la empresa más visible a nivel internacional y dándome a conocer a mí mismo como buscatalentos y director artístico. Gracias a eso llegaron otros artistas a Codiscos, como Valentino, Luigi 21+, Paola Jara y otros más.

En la cima

Una tarde, hablando con Nicky, él se preguntaba cuál era el paso siguiente, entonces se me ocurrió: “Voy a hacer un álbum de éxitos tuyos y vamos a postularlo a los Latin Grammy”. Así lo hice y en noviembre de ese año fue nominado a mejor álbum urbano de 2014. No ganó, pero estuvo entre los favoritos del público y Nicky se presentó en la ceremonia cantando El perdón.

He ido a los Latin Grammy cino años seguidos, para mí ha sido fantástico ir a un evento de esa magnitud. Tuve la oportunidad de conocer a Daddy Yankee, Luis Miguel, Camila Cabello, Pitbull, Jenifer López y J Balvin.

De eventos así uno se lleva muchísimas experiencias: estar con Nicky en el camerino preparándose para presentar la alfombra roja, los backstages y sentarse junto a las personas que hicieron todas esas canciones que uno escucha a diario.

El último año que asistí a los Latin Billboard hicieron un homenaje a la vida artística de Juan Luis Guerra. No lo conocía personalmente, pero he sido su fan durante toda la vida y esa noche tuve la oportunidad de estar ahí, saludarlo y decirle cuánto lo admiraba.

Mi sueño ahora es compilar un álbum con los grandes éxitos de salsa romántica, con Gilberto Santa Rosa, Charlie Aponte, Juan Carlos Coronel y muchos más porque este año 2020 Codiscos cumple 70 años, de los cuales yo llevo 36 trabajando en la compañía y quiero regalarle a la empresa el Latin Grammy por mejor álbum de salsa.

Muchos de ellos ya no suenan tanto como antes, los gerentes artísticos suelen desechar a los cantantes una vez han pasado de moda. A mí me gusta darles siempre una segunda oportunidad. Es el caso de Nicky Jam, de Paola y así lo hice con Maelo Ruiz.

Maelo llevaba cinco años sin grabar cuando lo contacté, estaba en un proyecto de tributo al Grupo Niche en 2003 y me lo recomendaron. Lo llamé, él aceptaba la oferta con la condición de que le grabara un álbum. Lo pensé en medio de un viaje a Valledupar, me bajé del avión e inmediatamente busqué un punto de llamada internacional para contactarlo. Decidí darle la oportunidad y grabamos Te va a doler. Esa canción se convirtió en un clásico, salió hace tantos años y aún hoy todavía la escucho por ahí.

Un artista agradecido

Hay casos contrarios con los que están o estuvieron en la cima: algunos artistas, los seres humanos, con el éxito se vuelven más difíciles. Lo he visto y lo acepto porque sé que esa es la naturaleza humana. Cuando te necesitan te buscan, pero cuando ya están arriba ya no te buscan tanto; sin embargo, hay otros que son muy agradecidos y quiero mencionar a uno solo: Nicky Jam.

Él dijo un día, a pesar de tener propuestas de Sony y muchas compañías multinacionales, “yo me quiero quedar en Codiscos, así sea en una parte del territorio, por agradecimiento, por darme la oportunidad de ser quien soy. Yo seguiré en Codiscos mientras Álvaro Picón esté en esa compañía y de ser necesario nos haremos viejitos juntos”.

“Yo seguiré en Codiscos mientras Álvaro Picón esté en esa compañía y de ser necesario nos haremos viejitos juntos”, dijo en una ocasión Nicky Jam, según relata el propio Álvaro Picón.

Cuando entré a Codiscos yo soñé y me propuse trabajar duro para llegar a ser gerente en la costa Caribe y luego llegar a ser director artístico de la disquera y ambas cosas llegaron, se lograron con el tiempo.

En mi vida hice todo lo que quise ser, fui locutor en radio, en televisión y al final trabajo con artistas. Mi papá terminó orgulloso, al principio no creía que iba a lograrlo, pero cuando empecé a hacer radio y sonaba en los buses, él le decía a todo el mundo: “El que habla ahí es hijo mío”. Cuando mi papá llegaba a Bucaramanga por cosas de trabajo y yo vivía allí, se pasaba por la emisora y me pedía que le pusiera canciones, tal como cuando era niño.

Ahora, viendo hacia atrás, considero que la única manera en la que una persona puede trabajar con entusiasmo cada día es que todos los días se levante con un sueño por cumplir.

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