De “prostituidores” y otras mafias

Texto por Manuela Serna Patiño

Ilustración por Isabela Muñoz

Hablar de prostitución en un momento donde la sociedad se siente “avanzada”, suena como una locura, algo hasta gracioso y ridículo. No obstante, Antonio Salas en su libro “El año que trafiqué con mujeres” publicado en el año 2004, nos muestra, cómo las fulanas y la trata de personas son un asunto que permanece en nuestra sociedad aun en el 2020; asunto  del cual nadie está exento y al que, incluso, todos contribuimos a que permanezca ahí, al margen de las poblaciones, u otras veces, como ocurre en nuestra ciudad en su propio centro o corazón.

Al referirme en voz alta a la palabra puta, mi madre exaltada ha mencionado de inmediato la zona de la Veracruz en el centro de Medellín, y es que este diminuto significante parece estar cargado de otras variables que el mismo autor relaciona, tales como zonas peligrosas, suburbios, transexuales, pobres y lencería barata que anda sin vergüenza alguna en medio de la calle. Sin embargo, Salas nos trae un argumento capaz de sostener la hipótesis presentada a lo largo del libro, y es que la prostitución, no distingue de edad, ni etnia, ni religión, basta con que seas mujer para que le seas útil a los proxenetas y atractiva a los puteros.

Cuando empecé a leer este libro, aunque parece un mundo lleno de ficción, al avanzar entre páginas quedaba siempre más impresionada y exaltada, pues las preguntas que muchas veces nos hacemos con respecto al tema, quedan resueltas; preguntas como ¿y por qué no salen de ahí?, incluso las afirmaciones que día a día las personas realizamos referentes a dichas fulanas toman un giro que no tiene vuelva atrás. “Es que les gusta la vida alegre”, “les encanta la plata fácil”, “pues cómo se van a salir si ahí tienen todo”. Y no, a lo largo del texto nos demostrarán que estamos muy equivocados.

Todos pensamos que la prostitución es una cosa de mujeres que necesitan el dinero, tal vez muchas por cuenta propia logren conseguirlo de esta manera, pero dentro del foco de Salas, solo este privilegio lo tienen las famosas que se dedican a dicho oficio, el resto de las mujeres solo lo obtiene para pagarle a sus proxenetas e invertirlo en las demás mafias que sobreviven a costa de ellas.

Creo que este es el punto al que Salas quiso llegar con su obra, que además de recolectar información con el fin de servir como evidencia para posibles capturas, quiso converger partes que se hacen lejanas y parecen no tener ningún sentido pero que finalmente son quienes mantienen una red; red que soporta todo el mercado sexual. El primero de ellos es el transporte y trata de migrantes, que a lo largo de la historia se ha hecho mucho más fuerte.

 Un sinfín de personas viajan cada año en busca de un sueño europeo, americano o cualquier otro, y terminan viviendo una completa pesadilla. Entre las otras mafias se encuentra la fe, y debo confesar que me pareció icónico la manera en que el autor narra cómo a cambio de favores religiosos las mujeres deben pagar demasiado dinero, o incluso con sus propios cuerpos. Otra manera de usar el fervor de estas chicas es con amarres y muñecos vudú, algo increíble para ser cierto. La venta y consumo de drogas es otra de ellas, pues la mayoría de dichas mujeres son drogodependientes, también encontramos la falsificación de documentos, la pornografía, la elaboración de productos falsos, entre muchas más.

Esta obra logra estremecer ciertas visiones que hemos perdido de la vida, nadie pone en duda a una persona que profesa valores y lemas nacionalistas, que no permiten la entrada de ningún migrante en suelos en este caso españoles, pero es maravilloso saber que las personas que profesan esto, son las mismas personas dueñas de los bares de alterne, o los clientes mayoritarios de las migrantes prostitutas. Esta premisa me puso a pensar en cuántas veces seguimos los principios dictados por cierta comunidad y mientras nosotros regimos toda nuestra vida en torno a ello, los líderes solo transmiten un mensaje, mientras con sus acciones apoyan las causas contrarias.

Antonio Salas logra capturar las emociones de cada lector, si no logra tocarte por completo, al menos te hace pensar en el tema por un buen rato. Entre las reseñas de este libro me he encontrado con jóvenes que han dejado de un lado el consumo de pornografía o las compras en diferentes mercados sexuales. Además, es magnífica la manera en la que no puedes pasar ni un solo momento del libro sin pensar en tus amigas, tu madre, tus hermanas o tus sobrinas, en qué pasaría si fuesen ellas las que estuviesen ahí, es algo fantástico la manera en cómo Salas pretende que tomes la historia como algo personal, de la misma manera que él la tomó todo el tiempo.

Este libro nos hace pensar en el papel que tenemos cada uno en la sociedad, tanto mujeres como hombres, en cuántas veces justificamos las agresiones físicas y psicológicas contra un grupo de mujeres por el hecho de ser putas, mujeres violentadas que tienen que poner la cara por un problema que tiene un trasfondo mucho más grande, una problemática que como diría Toni Salas: “El verdadero motor del negocio del sexo son los clientes. Los prostituidores. (…)  Mientras las rameras y sus proxenetas son criminalizados socialmente, ellos continúan sosteniendo desde la sombra la nueva trata de esclavos.” 

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