Una musulmana en Medellín

Texto por María Isabel Jiménez Ramos 

Ilustración por  Andrea Carolina Rodríguez

Aisha es una mujer musulmana que no nació en una familia musulmana. Tiene 56 años, cabello y ojos claros, es pequeña en estatura, pero tiene un corazón del tamaño de la ciudad. A los 23 años decidió cambiar de religión por primera vez, de ser católica se conrtió al critianismo, debido a un gran vacío que sentía y a un sinnúmero de dudas sin resolver. Más tarde, a los 51 años, se convirtió al islam y, desde eso, afirma que tiene el corazón regocijado, porque encontró a Dios y siente que hace parte de su día a día.

Aisha Salazar usando su hiyab.

Nací en una familia católica, aunque solo la practiqué hasta que hice la Primera Comunión. Crecí con mi abuelo, él no me obligaba a cumplir los sacramentos, pero mi mamá me decía: “Mientras usted viva en esta casa, o hasta que tenga 18, va a asistir a la misa conmigo cada 8 días”, pero yo me iba para allá a mirar para el techo o a salirme de la iglesia a caminar; hacía cualquier cosa menos prestar atención. Siempre sentí un vacío en mi interior, me parecía que en la religión católica no me enseñaban nada y que estaba lejos de Dios. Era muy triste, no tenía ni convicción.

A los 21 años conocí el cristianismo y me gustó más. A los 23 me convertí y se llenó un poco el vacío, mas no en su totalidad. Visité varias iglesias cristianas con muchas preguntas en mi cabeza, pero nadie las resolvía. Esta religión me permitió acercarme más a Dios, era más práctico, sin embargo, a pesar de que Dios estaba más presente en mi vida, no era suficiente para mí ir cada domingo y solo orar dos horas.

Siempre he disfrutado del debate, y en ese entonces me metí a un grupo de debate de Facebook, era de judíos, cristianos y musulmanes. Estaba en el grupo más que todo para leer y conocer, esperaba que las personas de mi religión me descrestaran, porque hay personas muy preparadas, pero empecé a notar que los únicos que en su mayoría presentaban argumentos eran los musulmanes, daban pruebas y demás, por lo general el judío y el cristiano se enojaban, me hacía pensar: “Si el musulmán está dando argumentos, ustedes también deberían dar los suyos, estamos en un grupo de debate, se trata de dar argumentos”.

En esas me escribieron dos marroquíes; empecé a hablar con ellos, me preguntaron sobre el islam y sobre el Ramadán:

–¿Sabes qué es el Ramadán?

–No, no tengo ni idea –respondí.

–Busca en Internet qué es y luego nos cuentas.

Me puse a investigar y me enamoré del Ramadán. Me pareció un mes tan bonito, solo pensaba: “Tan berracos, todo ese esfuerzo que hacen y ese sacrificio tan bravo, todo un mes ayunando de sol a sol, solo por adorar a Dios. Yo a duras penas si hago alguna que otra vigilia, en cambio los musulmanes todos los días y no solo no comen, sino que tampoco toman líquidos”. Ese fue mi primer acercamiento, un tiempo después decidí convertirme al islam.

Cuando uno decide salirse de la religión predominante, la familia es la primera en oponerse, pero ellos no tuvieron, en mi caso, cómo justificarme que debía pertenecer a la religión cristiana o católica. Lo primero que me dijeron es que estaba loca, aunque, a decir verdad, nunca tuve la intención de discutir.

–No me peleen, no me aleguen. Aquí les dejo el Corán, léanlo para que sepan de qué es que están hablando conmigo, y cuando quieran que debatamos con argumentos, lo haremos. Porque no es lo que yo creo, o lo que me dijeron o lo que escuché por ahí o en las noticias.

Otro de los temas controversiales para mí fue el hiyab (que es un velo que cubre el cabello y pecho de la mujer, lo usamos cuando estamos con hombres que no son de nuestra familia inmediata). Cuando decidí ser musulmana, comencé a usar el hiyab inmediatamente, porque quería ser coherente con lo que decía que era, lo que hacía y lo que quería demostrar en mi estilo de vida, claro que no es fácil. En casa me decían que si lo usaba no saldrían conmigo, me preguntaban que cómo se me ocurría ponerme ese trapo, que estaba loca. Al principio salí por donde no había gente que me conocía hasta que me empecé a encontrar con conocidos que me miraban raro, así que con todo el valor del mundo lo enfrenté: los miraba y les preguntaba que si tenían algún problema, que era musulmana, al final, nunca me dijeron nada.

Esto paso muy recién convertida al islam. Uno de mis hijos, un día, me invitó a comer helado (a mí me fascina el helado), con una única condición, me dijo que no usara el hiyab, porque a él le daba pena salir conmigo.

–Papi, no me haga eso, no me pida eso –le dije.

–Si quiere que la invite, tiene que hacerlo.

Ese día me lo quité y es la única vez que lo he hecho. Nunca en mi vida había sentido tanta vergüenza, me sentí tan hipócrita, tenía la sensación de que todo el mundo sabía y me juzgaba. Al llegar a la casa le dije:

–En su vida me vuelve a pedir ese favor. No me lo voy a volver a quitar.

Este mismo hijo, un tiempo después, llegó con mucho misterio y me dijo:

–Mami, tengo que hablar con usted.

Yo dije: “Este fue que se ganó el baloto o embarazó a la novia, o qué, algo tuvo que haber pasado”:

–Mamá, lo que pasa es que, como usted me dijo que no le podía debatir sin argumentos, me leí el Corán y me di cuenta de que ese libro está realmente revelado por Dios y que no hay forma de refutar eso, pero no puedo ser musulmán por ahora, porque no estoy preparado y porque el día que tome la decisión es algo muy serio y es mucha responsabilidad y perdóneme por haberla hecho quitarse el hiyab, por haberle hecho eso tan horrible.

Incluso, recientemente, mi hijo me dijo que si en algún momento tenía que escoger alguna religión, sería musulmán.

 –Es una religión en la que veo que ayudan a otros y que la religión no se beneficia de ustedes, sino que ustedes son muy bendecidos por hacer parte y tener la oportunidad de hacer el bien así.

En mi familia, poco a poco, fueron aceptando mi nueva forma de vida, incluso, uno de mis hijos, al que más vergüenza le daba salir conmigo, es quien hoy me escoge el hiyab para salir, porque la persona que lee y tiene intelecto, Dios le muestra le verdad, por el solo hecho de querer saber la verdad.

¿Cuál es esa verdad?: los musulmanes creen en Dios

Hay cosas que como cristiana y católica no entendía, pero cuando me convertí al islam, entendí. Por ejemplo, la trinidad: en la Biblia nunca la mencionan, entonces siempre me pregunté: “¿Por qué los católicos creen en la Trinidad?”, y es que, en realidad, la mitad de lo que a mí me enseñaron como cristiana y católica no fue enseñado por Dios, sino pactado por los hombres (en el caso de la Trinidad, fue pactada en el Concilio de Nicea, 350 años después de que Jesús muriera), porque claro, la religión mueve masas y hasta hace muy poco el que tuviera el poder religioso, tenía el político. Como esta, hay muchísimas cosas que, como no tienen explicación, se dice que hay que creerlas por fe. Para mí, ahí fue que se vino todo abajo con esa religión.

También, al entrar al islam, me di cuenta de que como cristiana no seguía a Cristo, sino a Pablo de Tarso. Luego de Jesús, vino Mahoma, quien fue el último profeta (y vino como misericordia para la humanidad), pero las personas se dejaron desviar por Pablo de Tarso, quien empezó a adorar a Jesús, cuando él nunca dijo que lo adoráramos, sino que lo siguiéramos para adorar a Dios. De igual forma, los católicos le rezan a los santos y les piden –incluso milagros– en vez de pedir a Dios, como él manda.

Solo Dios puede hacer milagros, a veces los profetas podían hacer milagros, pero siempre con el permiso de Alá, nunca por su propia voluntad. Por eso, la creación de Dios no puede hacer milagros, María nunca los hizo (ni viva ni muerta), porque es parte de la creación, y eso es algo que Dios no perdona: pedir a otros, e incluso a la creación, antes que pedirle a él.

Sin embargo, de la mano de esto, hay algo que es gravísimo. En el Corán dice que Dios es único, sin asociados, no engendró ni fue engendrado y no tiene copartícipes, por eso, explica que la naturaleza de Jesús es la misma que la de Eva o Adán: creado solo de una madre, de un padre o sin padre ni madre, respectivamente. Lo grave es que en el cristianismo y catolicismo enseñan que Jesús es una deidad, y lo adoran, le piden a él para que interceda por ellos ante Dios, pero él eso lo castiga: que lo asocien y no oren ante él directamente.

Como musulmanes nosotros tenemos la obligación de buscar y adquirir el conocimiento por nuestra cuenta, no podemos quedarnos esperando a que nos lo enseñen y nos reunimos con Dios si quiera cinco veces al día, por eso dejé de sentir ese vacío, porque Dios ahora está incorporado a mi vida.

Nosotros en el islam tenemos unos pilares de creencia: creemos en Dios como único, sin copartícipes; creemos en todos los profetas por igual (Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma), sin hacer distinciones entre unos y otros; creemos en los textos que fueron revelados originalmente; creemos en los ángeles, que son seres creados de luz y para obedecer a Dios, y en que cada persona tiene dos ángeles: uno que registra las obras buenas y uno que registra las obras malas, ellos, el día del juicio final, nos llevarán ante la presencia de Dios y por eso creemos en que vamos a ser juzgados para ir a un cielo o a un infierno; creemos en el decreto de Dios, es decir que todo lo que pasa en nuestra vida, sea bueno o malo, es porque él lo ha decretado así, nosotros decimos: “A Dios somos y a Dios hemos de volver”, aceptamos su voluntad y no renegamos contra nuestro destino, solo le pedimos paciencia en las pruebas, le agradecemos; y también creemos en el día del juicio final.

¿Qué hay luego de la muerte?: el castigo de la tumba

Todas las personas tienen dos ángeles: uno que registra las obras buenas y otro que registra las malas. Cada acción que uno realiza queda consignada. Al morir, llega un ángel para sacar el alma de nuestro cuerpo y, dependiendo de si uno estaba bien o mal con Dios, esa sacada puede ser sin dolor o muy doloroso. Luego, sus dos ángeles asignados lo van a llevar ante la presencia de Dios, quien va a hacer tres preguntas: ¿Quién es tu Dios? ¿Cuál es tu religión? ¿Quién es tu profeta?

Todos vamos a contestar la verdad, porque es nuestro corazón quien va a responder. Luego de eso, los ángeles llevan a la persona a su tumba, donde se quedará hasta el Día de la Resurrección. Esta tumba, según como haya sido juzgado, podrá ser pequeña, oscura y con demonios atormentando a la persona o puede ser amplia, iluminada y con vistas al pedazo de cielo que se habitará al resucitar.

¿Qué pasa con los no musulmanes el Día del Juicio Final?

Según sus respuestas es como será juzgado por Dios, todos tenemos la oportunidad de salvarnos, porque Dios no es injusto. Lo único que Dios no perdona es que se diga que no es único o que tiene asociados o que no crean en él (por eso todos los creyentes deben apegarse a las escrituras, no a lo que le enseña otra persona). Con los libros de los ángeles Dios los juzgará y decidirá el castigo de la tumba para esa persona.

El mes más importante para el musulmán: El Ramadán

El Ramadán es un mes sagrado para el islam, en el que los musulmanes realizan ayunos, oración, obras de caridad y actos de adoración. Nosotros ayunamos durante todo el mes, nos levantamos a las 4:30 de madrugada y comemos, y dejamos de comer desde que sale el sol hasta que se oculta, y ya pasadas las 6:30 de la tarde podemos volver a comer, tomar líquidos y tener relaciones sexuales con los esposos.

A veces nos levantamos desde temprano para orar, porque en ese mes Dios atiende más a las oraciones, pero no solo lo hacemos en este mes. En algunos días nos levantamos a las 3:00, 3:30 o 4:00 para hacer la oración del último tercio de la noche (antes de hacer a oración matinal), porque Alá, a esa hora, desciende al primer cielo y se fija en los siervos que, antes de que todos despierten, está despierto orando y pidiendo, por eso las peticiones se cumplen más fácilmente.

El propósito de ayunar es que el musulmán se vuelva una persona más piadosa, para ser más consciente de Dios y de las personas que están a su alrededor, para solidarizarse, porque cuántas personas en el mundo realmente no tienen qué comer, uno en el ayuno del Ramadán sabe que en la noche comerá, pero cuántas personas no tienen ni idea de cuándo volverán a pasar bocado. El propósito es acercarse a Dios y compartir con los necesitados.

Para los musulmanes pasa algo muy increíble en el mes de Ramadán y es que nosotros experimentamos menos hambre y sed, por eso es más fácil ayunar. Por ejemplo, cuando las mujeres tenemos la menstruación, no ayunamos ni hacemos la oración, porque estamos en un estado de impureza, pero esos días debemos reponerlos, aunque es increíblemente difícil hacerlo fuera del mes de Ramadán.

En este mes no solo ayunamos, sino que hacemos actos de servicio. En el islam no nos piden un solo centavo. Tenemos dos ofrendas: el zakat, que es obligatorio para las personas con más dinero, y se lo pueden dar a quienes ellos quieran, no tiene que dárselo a la mezquita, pero sí a musulmanes (incluso nosotros en Medellín pagamos arriendo y damos mercados con lo que mandan de otros países), y también tenemos la sádaqa, que es voluntaria y puede ser para personas no musulmanas, porque ellos también tienen derecho. A mí nadie me va a perseguir, ni va a estar pendiente de si doy o no doy, eso es entre Dios y yo. Si doy menos o más, Dios todo lo ve. El musulmán tiene mucho temor de Dios

De nosotros dicen que estamos locos al alegrarnos por la llegada del mes en el que aguantamos hambre y sed, pero a nosotros, como musulmanes, nos llena el interior este mes. Cada acto realizado, cada oración hecha, este mes es más recompensado.

Estigmas que sufrimos los musulmanes

¿Qué si nosotros nos matamos en nombre de la religión? ¿Allahu akbar? Eso no es islam, eso es terrorismo. Son personas ignorantes de su religión, que nacieron siendo musulmanes, hijos de padres musulmanes no practicantes que desconocen su religión y que luego crean grupos políticos con intereses económicos para manipular. Entonces, nunca adquirieron el conocimiento del islam, y se les dice: “Hay que hacer la guerra Santa, y si mueren en combate, Dios les perdona todos sus pecados”. Pero lo que no saben es que Dios dice que si se mata a una persona inocente, es como si se matara a toda la humanidad, y si salva la vida de alguien, es como si salvara la vida de toda la humanidad.

El estigma más marcado de todos es la supuesta opresión que sufren las mujeres en la religión. Nadie nos obliga a usar el hiyab, lo que les dice Dios a los profetas es: “Ve a tus mujeres, a las mujeres de tus compañeros y a las creyentes que se cubran para que sean valoradas, respetadas y reconocidas como mujeres religiosas”. Muchas mujeres no se cubren, porque eso está dentro de su libre albedrío, son mujeres que hicieron el testimonio de fe, pero que no creen ni adoran como debe ser. Nosotras nos cubrimos, porque nuestro cuerpo es nuestra aura, que solo podemos dejarnos ver de nuestra familia y para el deleite de nuestros esposos. Los hombres son muy visuales y las mujeres que muestran su cuerpo pueden llamar más fácil su atención.

De igual forma, el islam abrió las puertas a que las mujeres reciban herencias, muchos tienen prejuiciosos sobre el hecho de que la mujer recibe la mitad que los hombres, pero lo que no saben es que los hombres tienen la responsabilidad de mantener a la familia, entonces el dinero que ellos reciben es para ellos y para mantener a las mujeres e hijos, en cambio, el dinero que reciben las mujeres es solo para ellas.

Las mujeres pueden trabajar y estudiar si ellas lo desean, lo único es que no es su responsabilidad sostener el hogar, pero si quieren ayudar a su esposo, pueden hacerlo. Muchas mujeres no trabajan, porque sus esposos tienen cómo mantenerlas y para ellas es más importante estar al cuidado de los niños y enseñarles la religión. Las mujeres piensan: “Mi esposo como es de lindo, me quiere bastante, es responsable conmigo y con mis hijos, entonces me manejo como una princesa con él, lo atiendo como un rey”. Eso no es estar sometido.

Además, las personas juzgan que se separen los hombres de las mujeres, pero es para la protección de las familias, porque los hombres y las mujeres mezclados en lugares como una mezquita no van a orar, sino a mirar, y no se concentran en adorar a Dios y eso se presta para dañar hogares, porque los hombres son mirones y el Shaitán, el diablo, empieza su obra.

También se habla mucho de que los musulmanes pueden tener diez esposas, eso no es cierto. Pueden tener hasta cuatro, claro que eso tiene su explicación y beneficios. Vivimos en una sociedad muy hipócrita: el no musulmán solo puede tener una esposa y aun así tiene muchas amantes regadas, sin derechos, con hijos no reconocidos. Pero la poligamia en el islam es una protección para las mujeres, porque cada vez los hombres son menos, y el hombre, al tener más mujeres está en la obligación de ser justo, dar el mismo amor y dedicación a todas, responder por todas por igual, reconocer a todos los hijos y mantenerlas en las mismas condiciones. Dios dice que lo ideal es quedarse con una, porque si usted no es justo, el Día del Juicio final será castigado por eso, y muchos musulmanes deciden quedarse solo con una, porque saben que ser justo es muy difícil. ¿Por qué juzgar a un musulmán con cuatro esposas, que es justo con todas y no juzgar al hombre que tiene 4 amantes y ninguna con derechos?

La sociedad en la que vivimos es muy intolerante, nos juzgan como musulmanes sin conocernos o sin conocer nuestras creencias. Adorar o no a Dios es una decisión que todos tomamos, por eso nos dotó de libre albedrío. Vivir en un país con mayoría católica o musulmana, haber o no nacido en una familia musulmana, cada situación tiene su dificultad y hace parte de la prueba que Dios nos pone, pero depende de la firmeza que tenga cada musulmán y de creer que Alá lo facilitará todo y nos guiará a la verdad.

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