Matches al gusto

Julieta Ramírez Rossi

Lo que más seduce de Tinder es que se puede cambiar de jugador cuantas veces se quiera. Si uno nos da mala espina, o si otro tiene pinta de ganador, podemos deshacer y hacer matches al gusto. Podemos incluso parar la partida a la mitad y desaparecer. El juego es el mismo, pero cada personaje tiene cualidades distintas.

Cuando, por el Covid 19, el mundo se vio reducido a cocina, cuarto y sala, y cerraron los cafés, los parques de encuentro, hasta robarnos la posibilidad de darnos un beso. Y prohibieron los abrazos, los apretones de mano y no nos dejaron acercarnos a más de dos metros. Pudo acabarse el papel higiénico, el alcohol y los tapabocas, pero no hubo forma de refrenar a los corazones sedientos y desbocados, que con o sin virus, no iban a privarse de amor.  

Ella, no perdió el tiempo. Siendo ya una fiel usuaria de Tinder, el vaivén de izquierda a derecha se mantuvo en marcha.

El primero fue Juan Esteban, 22 años, igual que ella. Especialidad: sistemas. Bonus: romance. Si la carta astral no se equivocaba, eran almas gemelas. Todos los planetas coincidían, excepto uno. Aun así, sus primeras conversaciones fueron poco reveladoras. Juan era uno de esos chicos que a pesar de haber crecido con un celular en las manos, la conversación por chat no le fluía. Estuvieron así por tres días, hasta que le pidió hablar por teléfono. Conversaban durante horas.

La llamaba a diario, por face-time o What’s App. Se aseguraba de que comiera y descansara bien, con saludos en la mañana y en la noche. Por eso le gustaba, aunque “era un poquito pato”. Las conversaciones eran jugar a twenty questions infinitamente. Quería verla aunque estuviera sin bañar, tirada en la cama, brotada, horrible. “Estás hermosa” le decía. Y ella: “Ay calláte”. Le leía poemas por teléfono. María no había abierto un libro de poesía en su vida. “No te gusta que te lea poemas ¿cierto?”.

Se conocieron por Tinder una semana antes de que se decretara la cuarentena, la semana del 16 de marzo de 2020. Un mes y medio después, arreglaron para encontrarse en un pequeño parque en Sabaneta, en frente de la unidad donde vive él. Para las tres de la tarde, al menos una persona ya tenía la ubicación, las redes sociales del muchacho, su número de teléfono, su nombre, su edad, dónde estudiaba, qué. Las precauciones mínimas antes de conocer a un extraño del que se cree estar enamorándose; además del tapabocas, la prenda de moda esta última temporada.

A su primera cita se fue con botines y de vestido, lista para arrasar. Pero cuando llegó al lugar y lo vio parado esperándola, hicieron acuerdos en secreto; el pelo, su vestido y los cachetes. Revelaron los nervios que el coqueteo sagaz intentaba esconder, dejando al desnudo el sentimiento. La extrañeza del primer encuentro se disolvió en un abrazo ansioso.

A medida que avanzaba la tarde, el tapabocas se soltó de las orejas y reposó suavemente sobre sus piernas. No hubo necesidad de preguntas. Y aunque tuvieron ese momento de confianza ante el otro, durante las siguientes dos semanas todo lo que María tocaba y no fuera suyo lo rociaba con alcohol.

“El man estaba full y yo también estaba full. Cuando ya me estaba por ir me dijo: ‘¿Nos tomamos una foto?’ El man lo tenía súper claro de que él y yo íbamos a ser novios, por eso me dijo, tomémonos una foto para que sea como ‘el primer día que nos conocimos’”.

Se pasaron el resto del día conversando, pero al final, como siguiendo la indicación de un director, Juan la agarró de la cintura, María levantó el pie, y se besaron.

Continuaron teniendo citas, una en el Parque de Envigado, otra en la casa de María mientras su mamá no estaba. “Obvio, nos comimos. Fue excelente”. Estaban un poco borrachos, pero hubo iniciativa por parte de los dos. A medida que la tensión subía, entre juego y juego “de un momento a otro la tenía dentro de mí”. Ups.

Después de bañarse, se acostó al lado de Juan. Y así arruchados, mientras él le hacía cariñitos, ella le dijo: “Ey, pero no te vayas a ilusionar, que estamos breve”. ¡Pum! ¡Contra la pared! Pero esa noche ella borró casete. Entonces las cosas se pusieron feas.

Antes de que se decretara el encierro, era de las que cada ocho días iba a Chepe a beber con sus amigos. El año pasado iba martes, jueves, viernes y sábado. En Tinder, donde hay más variedad que en una tienda de todo a mil, hay que ser claro con esas cosas. Juan era de planes más tranquilos, de pocos amigos, pero sabía que a ella le gustaba rumbear. Mientras estaba soltera los besos entre amigos y amigas no faltaban (o los de a tres). Y al principio estaba bien, pero a medida que las restricciones para salir aflojaban, le empezó a incomodar.

El fin de semana después de esa noche, luego de haberle aclarado una y otra vez que no sabía de dónde habían salido esas palabras, María le avisó que había llegado a casa a salvo, después de una tertulia en la casa de un amigo. Juan solo le dijo que bueno y que descansara.

Silencio absoluto durante cinco días…

“No me volvió a hablar. Súper raro. Al quinto día le escribí para ver si pasaba algo”. Como dicen algunos, si no hay confianza en una relación, no hay nada.

Se quedó de piedra cuando escuchó las razones de Juan.

—No sabía que te gustaba tanto tomar.

—Te lo dije en la primera semana.

—No me gusta eso de los besos con los amigos.

—Te dije que cuando estoy saliendo con alguien, nunca lo hago.

—No…

—No inventes bobadas. Si quieres dejarlo aquí no importa. Pero yo fui clara desde el principio.

Era la vuelta final, la partida había terminado.

Uno más a la lista de fletes, ilusiones, relaciones falladas, comidas…

Pero lo que más seduce de Tinder es que se puede cambiar de jugador cuantas veces se quiera. Si uno nos da mala espina, o si otro tiene pinta de ganador, podemos deshacer y hacer matches al gusto. Podemos incluso parar la partida a la mitad y desaparecer. El juego es el mismo, pero cada personaje tiene cualidades distintas. Y según esas cualidades, podemos decidir en qué modo nos conviene jugar.

Esteban Restrepo. Dos años mayor que ella. “Rico como el solo”. Sex appeal: 100. Conversada: -1. No tenían ni un planeta en común, pero el sexo requiere tres cosas: atracción, lugar y tiempo.

De cara bonita, un gym freak por naturaleza, modelo y habiendo salido en el video musical “Mi cama suena” de Carol G, la atracción estaba garantizada. El lugar se decidió entre guaro y pitillo: el cuarto vacío del hermano de una amiga y una mamá que dejó la casa sola… el tiempo fue regalo de la amiga, que tenía clase de 6:00 pm y se refugió en su cuarto para darles más privacidad.

Los besos comenzaron antes de la intimidad, pero apenas quedaron solos empezó el “bluyineo”. Cuando la ropa no dio para más, subieron de nivel.

Hay polvos muy malos en Tinder. Pero este no fue el caso. Cuando María se sentía insegura, enseguida llegaban palabras de afecto, de no te preocupes, que estás divina. ¿Se imaginan que un modelo les diga eso? Para ella, que en su perfil de Tinder se describe como chubby (rellenita), porque le aterra que la dejen por eso, era lo único que necesitaba escuchar.

Después de la primera vez, María esperó un momento a que Esteban estuviera listo para la siguiente ronda. Pero sin que hubieran pasado cinco minutos, empezó a deslizar su mano debajo de las sábanas, acercándose a María con delicadeza.

—¿Ya estás? – la sorpresa pudo con el decoro.

—Sí, ¿tú no?

“El man era una máquina, un minuto y ya estaba dándole”. No solo se recuperaba con rapidez, también estaba pendiente de que ella disfrutara al máximo. Esa noche alcanzaron a hacerlo tres veces, pero ya están pensando en diciembre; hay planes para llamarlo de vuelta.

Fue corto pero especial, le dejó la autoestima por el cielo, la sensación de poder con todo. 

Con Santiago aún no sabe cómo van a salir las cosas. Santiago, 22. Habilidad especial: conversar. Bonus: linda voz.  Llevan hablando dos semanas y media, pero aún no se han visto. Entre las razones para darle me gusta están: la barba, suave, delicada; el piercing, para jugar con él más tarde y su vibra de chico oscuro.

Después de un rápido stalkeo en Instagram, quedó encantada con las fotos con los pequeños de Buen Comienzo, el programa de niñez del Estado. María estudia Trabajo Social y este tipo de actividades son un plus total a la hora de escoger pareja.

—En mi mente ya estoy pensando en cómo voy a hacer para irme a Rionegro los fines de semana, cada cuánto va a bajar él…

—¿Pero te gusta tanto como Juan? – le pregunté para terminar.

—No…pero Juan está loco.

Juan Esteban le escribió hace poco, una semana antes de su cumpleaños, en octubre. También la volvió a seguir en Instagram.

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