Claustrofobia en menos de cuatro metros cuadrados
Sábado 28 de marzo, Sabaneta
Desde que soy pequeña tuve un grave problema con los ascensores. Nadie se daba cuenta, pero me ahogaba cada vez que entraba a uno y era mucho peor cuando estaba lleno de gente. Todavía sufro dificultades en espacios muy cerrados, especialmente en la oscuridad.


Cuando me fui de crucero, a mis quince años, me tocó dormir en un pequeño camarote sin ventana con tres amigas más. Al apagar la luz se desprendía la oscuridad más absoluta que he conocido en toda mi vida.

En la primera noche, cuando nos fuimos a ir a dormir y apagamos todo, me dio un ataque de pánico porque sentía que las paredes se estaban juntando y me iban a aplastar.

No podía respirar y a mis amigas les tocó prender la luz para que yo pudiera calmarme. Según ellas, el episodio solo duró unos cuantos segundos, pero yo sentí como si hubiera sido casi media hora.

Después de este suceso decidí hablar con un experto que efectivamente me dijo que los espacios muy cerrados me causaban ansiedad, pero desde que no afectara tanto mi vida diaria no habría ningún problema.
“La claustrofobia ha sido algo que he tenido toda mi vida y espacios como este aún me ocasionan problemas”.
Ansiedad: encerrada en un espacio pequeño
La claustrofobia ha sido algo que he tenido toda mi vida. Por lo tanto, en la cotidianidad he aprendido a lidiar con esto. Casi –algunas veces– me olvido que existe. Pero con la situación actual del mundo por este confinamiento es algo que ahora no puedo ignorar y afecta cada segundo de mi existencia.

Mis papás y yo vivimos en un pequeño apartamento en el municipio de Sabaneta, al sur de Medellín. Demasiado pequeño, diría yo. Mi cuarto no alcanza los cuatro metros cuadrados y estoy segura de esto porque yo misma lo medí cuando quería comprar una cama nueva.

El problema está en que no puedo salir. Usualmente nunca estoy en mi cuarto porque siempre estoy afuera de mi casa, pero ahora estamos en aislamiento y me tengo que quedar adentro por ley.

No puedo dormir. No soy capaz de estar en mi cuarto, me causa dificultad para respirar por lo que, desde que esto empezó, he pasado largas madrugadas en la sala de mi casa.
“Sé que tenemos prohibido salir a las zonas comunes, pero si me quedo en mi casa todo el día me voy a volver más loca de lo que ya estoy”.
La angustia interior
Imagino que para cada persona que lidia con esta clase de ansiedad sus efectos son diferentes. Pero a mí el encierro me impide respirar, me voy ahogando y siento un hueco en el pecho, como si me faltara el corazón. Veo poco a poco como todo a mi alrededor se va juntando encima de mí.

Algunas veces con solo salir al balcón comienzo a calmarme. Sin embargo, hay otras que el ataque no tiene reversa. Me toca esperar que pasen algunos minutos, siempre tirada en el piso porque cuando me pasa esto no soy capaz de sostenerme.

En mi edificio tenemos una piscina al aire libre. Sé que tenemos prohibido salir a zonas comunes por nuestra propia seguridad, pero si me quedo en mi casa todo el día me voy a volver más loca de lo que ya estoy.

Así que mínimo dos veces al día voy a caminar alrededor de ella, cuidando que no me vean muchos vecinos porque podrían enojarse. Son mis momentos favoritos del día.
La salud mental
En realidad escribí esto en la madrugada. Obviamente no puedo estar en mi cama, así que me vine para mi lugar favorito de toda la casa: el balcón. Todas las noches me siento aquí a ver como poco a poco los vecinos del edificio del frente apagan sus luces para irse a dormir. Pero yo no puedo.

Si eres una de esas personas que te afecta el encierro, créeme que te entiendo. Aunque a muchos no les parezca importante, la salud mental nos afecta a todos en estos momentos.

No tengo un consejo porque yo misma no he podido solucionar mis problemas. Pero sí te puedo decir algo: habla con alguien. Estoy al tanto, que es lo más cliché que hay para decir. Sin embargo, es lo único que me ha ayudado en estos días. A veces, solamente tener compañía es suficiente.
Este contenido hace parte del especial
Diario de la pandemia

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